Documentos

Mujeres de posta

Pensando en jarillas

mi sueño volè

viendo pasar el desfile

imaginario que la luz del duende

de la Patrona PALMIRA

iluminara a tantas

y lùcidas mujeres de hoy

pensando en mañana

manos que unidas

construyen

pensando en mañana,

velan por los destinos

que les legara

y nos conducen

a futuros espectantes

ingredientes,

mixturas

la savia

de un nuevo acontecer…

alimento,

y fermento

para nuestras almas

lejanas,melancòlicas,

nostalgicas…

seguiremos estando

viviendo…

la espera a nuevos retoños

la esperanza de un pueblo

que gracias a ustedes…

y a vuestro amor…

jamàs habrà de morir… AUTOR ANGEL RICARDO PERSICO

SOÑANDO

Salgo de mi casa, por Córdoba y Santa María de Oro y de pronto, una nube baja del cielo y me transporta en el tiempo. Me veo por Las Palmas viendo TV de prestado en la casa de algún vecino. Dentro de un televisor Diamond, seguramente comprado en casa Arancibia, el Hombre del Rifle recarga su arma. Un rato después el Ricardo Molina me invita a un picadito en los Rojos del Sur; y escondido detrás del tanque del agua, 20.50 llama a Jefatura (otra vez Gatica robando carbón del ferrocarril). Un camión nos toca bocina y me parece que es BJ con su monito que nos saluda. El Pichula me dice que empieza un programa que se llama “Este es el Este” con la Mimi Tuller, pero yo estoy enamorado de la Lila Levinson.

Mas tarde, por la noche hay un revuelo por Corrientes al fondo. Parece que Maverick y Bat Masterson están jugando a las cartas en el garito del Riojano Porras, pero las luces están muy bajas porque en un auto descapotado paso Kuky, uno de los detectives de 77 Sunset Strip. Un poco aburrido, me vuelvo para el centro y en el bar Palmira, Mike Hummer toma un wisky que le sirvió el Gringo Aruta, parece que para olvidar una mina que le soplo un tipo que anda en la cuerda floja, aunque parece que Peter Fox ya lo sabia. Por Italia hacia abajo, el Indio Morales pasa corriendo. John Wyne lo persigue montado en un caballo alazán…

.Entro al Vaso ‘e Leche….perdón al restaurant La Huella, donde a falta de mas clientes el Tata Quiroga y el Negro Ubeda conversan sin parar con un tal Tato Bores. En un rincón, Tufano y Perri hablan con Rolando Rivas para poner un negocio en sociedad. Como ya es tarde, desde adentro del cine Colon sale la Coca Sarli y rumbea taconeando para el lado del Altillo, no, la calle no, el otro que hace acordar a un reloj cucu. Aburrido sin saber adonde ir, enfilo para la estación de Allub, les digo al Gallego y a Fernandez, que le pidan a un camionero si me lleva y me dice que suba, que no hay problema.

Muchachos, por favor, si la ven a mi vieja diganlé que me fui con un tal Mike Malone. Que voy hasta el olvido y ya vuelvo.

JORGE GIORDANO Palmira

VIAJES

Se vieron por primera vez, después de un largo tiempo, allá

por la Alameda. Ambos viajaban en el mismo micro. Uno venía

de trabajar en una escuela, el otro de hacer trámites

relacionados con el bono de puntaje.

Se saludaron afectuosamente. Uno era de River, el otro de Boca.

Hablaron del descenso, de Batista y de Grondona. Se bajaron

cerca de la Terminal. Uno de ellos compró unos CD virgenes.

El otro un paquete de galletitas de chocolate rellenas de una

crema blanca y espesa. Ambos pensaban: “qué avejentado

se vé”… Charlaron animadamente hasta que subieron

a micros diferentes. Uno al directo y el otro al expreso. Pero

quedó flotando entre ambos un clima extraño, algo inconcluso

que no se explicaron de donde provenía…

La segunda vez, se vieron a destiempo. También en un micro. Uno

de ellos dormía. Al otro le pareció mal despertarlo, no

había nada importante entre ambos. Eran parientes lejanos,

en ciertas ocasiones la vida los había juntado en situaciones

de búsquedas de trabajos, velorios o reuniones con algún tinte político.

El que iba durmiendo casi al final del vehículo se despertó por

un sacudón y al verlo pensó: “otra vez este… que raro!”. Cerró

sus ojos y continuó soñando con el Enzo, Francescoli y Fillol.

No volverían a encontrarse pasados varios días. Pero ambos se

habían quedado con esa sensación extraña, ese presentimiento…

“Por qué estoy viendo tan seguido a este loco?”

Cierto día en la inauguración de un nuevo supermercado, se

volvieron a encontrar. Hablaron de los precios, de los plasmas,

de Cristina, de las tarjetas, de Macri, de Shoklender…Y fue en

un instante preciso cuando todo se aclaró. Ambos pensaron lo mismo,

pero no lo comentaron. “Este se está por morir, por eso estoy

encontrándomelo a cada rato!”. La vida continuó fluyendo, la vereda

se llenó de nieve, los micros siguieron su camino, el televisor

daba lentamente las mesas escrutadas, las facturas se endurecían

sobre un plato helado…

Ambos murieron, muy cerca del Hospital Central, el mismo día; casi

a la misma hora. El mismo pensamiento había atravesado a ambos como

un rayo: “Tengo que verlo, tengo algo para contarle, algo de lo

que nunca hablamos y es importante, es vital. Tal vez nos

encontremos dentro de un rato, nuevamente, en la Terminal…”

Mario Campanella 07:30 01/08/2011

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